Navegando por ar-Ramla

Las gentes de Al Ándalus llamaron ar-Ramla (El Arenal) a la zona suroriental de Córdoba que abraza el Guadalquivir -y que hoy denominamos El Arenal de la Fuensanta-. Muy probablemente, esta área corresponda a algunos de los arrabales de la Axerquía (al-yiha al Sarqiyya), entre el arrabal del Sabular (con epicentro en la Ribera/molino de Martos) y el rabad al-Zahira.
Navegar por este tramo del río Grande (wadi al-Kabir) evoca episodios remotos. Como cuando las tropas de Al-Hakam cruzaron el cortijo de El Arenal (munyat ar-Ramla) para salvar el Guadalquivir por el vado de la Barca (entonces llamado vado del Adalid o majada Ballish) y atacar, por la retaguardia, a los rebeldes que se habían sublevado en el Campo de la Verdad (rabad al-Shaqunda); o como cuando se ordenó empedrar a toda prisa el camino que unía, por la orilla, la madina y aquella almunia porque iba a visitarla el califa Abd ar-Rahman; o como cuando el cadí Ibn Said, en los estertores del califato, invitó al hijo de Almanzor (al-Muzzafar) a una fiesta en aquella finca con la intención de asesinarlo.
Aún hay quien busca en este extenso meandro los restos de Madinat al-Zahira (y quien asegura que Ballish era su puerto fluvial), entre las huertas de Aguayo, de la Colecilla, de la Concepción, de la Fuensanta o de las Infantas; en el huerto del Cañaveral, del Colmillo, del Gavilán, del Humilladero o del Moreal, en la huerta Pantoja o en la Pantojuela, o en los olivares del Arenal o de la Viñuela. Aún hay quien busca antiguos cauces de arroyos hoy soterrados (como el de Pedroches o el arroyo Chico -¿nuestro arroyo de la Fuensanta?-que citó Ibn Hazán en El collar de la paloma), y quien otea desde el otro lado del río, desde lo alto de la torrontera de la Barca (el escarpe de Mawwaz) para adivinar antiguos trazados -menos sinuosos- que horadó y ocupó el Guadalquivir a lo largo de los siglos.
Hoy, los fértiles depósitos que el río ha ido alojando en el meandro del cortijo del Arenal abonan olivares y forrajeras, frutales y cereales. Y, en la orilla, álamos, sauces, fresnos, adelfas y tarajes que dan sombra y cobijo a garzas, garcillas y garcetas, cigüeñas y algún martinete.
¿Hacen falta más excusas para navegar por El Arenal?

 
 

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