El río Varas, la ruta de los fiordos

El domingo, 11 de mayo, un grupo de miembros del Club realizamos una magnífica jornada de piragüismo en el embalse del Guadalmellato.

Embarcamos junto a la presa, con la intención de hacer una primera parada en la playa donde se encuentra el pequeño monumento en homenaje a Paquito Pantanos. Nuestra sorpresa fue mayúscula al comprobar que el embalse está completamente lleno, y el templete sumergido por la mitad. Había que buscar otro lugar donde desembarcar.

Nos adentramos por las colas del río Varas. Sencillamente espectacular. Los bosques de encinas, álamos, fresnos, higueras y parras arropan el abundante cauce que serpentea sierra adentro. En cuanto a la fauna: muchas carpas, aves acuáticas, aguiluchos y algún cernícalo volando en círculos a la busca de pequeños mamíferos, roedores o reptiles, holladas de jabalíes, y cabezas de galápagos curiosos.

Cuando el río empieza a estrecharse aparecen los primeros riscos. Desde el cauce, da la sensación de ir paleando entre gigantescos acantilados, tremendos cortados de imposible escalada, más parecidos a los fiordos noruegos que a nuestros paisajes.

Poco antes de llegar al final del trayecto, cruzamos un tramo de auténtico manglar: aguas espesísimas a base de ramas, hojas y semillas caídas. Una sensación de lo más extraña, que a punto estuvo de hacernos dar la vuelta. Por fin, una zona de mínima profundidad nos cerró el paso, sin evitar que Luis María practicara el ascenso estilo salmón, brincando entre enormes cantos rodados. Ahí decidimos hacer la parada para comer.

Una vez cargadas las pilas, iniciamos el camino de regreso. En un par de horas estábamos de nuevo en la presa, no sin antes aguantar un par de chaparrones.

Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto. 

 

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