Guadalmellato, un embalse con historia

El embalse de Guadalmellato es el más antiguo de la provincia de Córdoba.
La idea de levantar una presa en la estrechura de La Tiesa (en la finca Las Mestas, al norte de la ciudad, en la confluencia de los ríos Guadalbarbo, Cuzna y Varas) data de 1899, con el objetivo de construir un pantano -el pantano de las Mestas– que mejorara el riego y garantizara el suministro de agua potable.
En 1908, siendo ministro de Fomento el cordobés José Sánchez-Guerra, el nuevo proyecto -ya denominado embalse de Guadalmellato- llegó a los despachos. Las obras se iniciaron en 1911 y, con algunos parones y altibajos, concluyeron en 1928. En 1930 comenzó la explotación.
Unos años antes, el 15 de enero de 1925, el rey Alfonso XIII visitó la zona y, a bordo de una canoa, navegó por las Tablas de Don Sancho para abrir las compuertas de la presa de derivación (que actualmente, tras levantarse la presa de San Rafael de Navallana, se encuentra inundada), un dique que dirigía el agua hacia el antiguo canal del Guadalmellato.
Para conmemorar esta visita y agasajar al ilustre invitado, Vicente de la Puente, ingeniero responsable de la obra, levantó un merendero en un cerro, en la confluencia del Guadalbarbo y el Cuzna. Hoy, con el valle anegado, la construcción emerge como una isla en mitad del embalse.
El merendero de Alfonso XIII es un pequeño templete de planta circular compuesto por una estructura hexagonal (abierta cada una de sus caras con un falso arco de herradura a modo de puerta) que soporta una cúpula hemiesférica rodeada por una cornisa que se apoya en seis columnas corintias. La construcción presenta un avanzado estado de deterioro, sobre todo las columnas (parcialmente derruidas) y la mayor parte de los paramentos interiores.
En busca de este edificio echamos las embarcaciones al agua en la rampa junto a la presa. Navegamos hacia el norte un par de kilómetros hasta alcanzar la zona abierta a la que asoman los tres ríos de los que nace el Guadalmellato: hacia el oeste, el río Guadalbarbo; al noroeste, el Cuzna; al norte, el río Varas (también llamado Matapuercas).
Dejamos la parada en el merendero para el camino de vuelta y nos adentramos en las colas del río Cuzna.
El pantano se nos ofrecía a más del 72% de su capacidad. Gracias al elevado volumen de agua embalsada (que ocupa tanto el cauce del Cuzna como el del arroyo del Gato), pudimos remontar más de 3 kilómetros hasta que decidimos desembarcar para tomar el bocadillo.
Para el regreso repetimos el trayecto de la ida con la anhelada parada en el merendero y, desde allí, a la rampa donde habíamos embarcado unas horas antes.

Puedes ver las fotos de la travesía en este enlace.

Aviso a navegantes: A pesar de que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir mantiene abierta la cadena de acceso a la rampa de embarque y a pesar de que el cartel en que se limitan los usos del embalse presenta cierta ambigüedad, a la conclusión de la travesía se nos informó de que está prohibida la navegación en cualquier tipo de embarcación.
Ojo, que después de la información puede llegar la sanción.

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